¿A QUIÉN PERTENECEN LOS HIJOS? PARTE I - Javier L. de Diego
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¿A QUIÉN PERTENECEN LOS HIJOS? PARTE I

Ha repetido varias veces la ministra de Educación, Isabel Celaá, que los hijos no pertenecen a los padres. Esta declaración ha provocado, entre muchas cosas, ríos y ríos de tinta. Pero… ¿A quién pertenecen los hijos?


Me provoca curiosidad esto de saber de quién son las cosas, las personas o las ideas y todas las reflexiones me conducen a un mismo sitio: ¿Qué es esto de la propiedad? Jurídicamente encontramos su origen en el derecho Romano, en el que se distinguía entre la res pública (la cosa pública) y los intereses individuales (privados). Será después, con la Revolución Industrial y la llegada del capitalismo cuando este concepto adquiere enorme importancia.


Cuando somos pequeños pronto decimos eso de este es mi juguete y los padres eso de hay que compartir. Mi idea, que es está presente en todas mis reflexiones, es que nos relacionamos con el mundo en base a las claves y paradigmas que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida. Y si nos han enseñado a tener. Tenemos.


Y tenemos dinero, tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos amigos, tenemos pensamientos, tenemos sentimientos, tenemos hijos, tenemos pareja… Tenemos, tenemos y tenemos. No acierto a pensar qué sucedería si el verbo (y el concepto) tener desaparecería de nuestro vocabulario. ¿Os imagináis?


Sin embargo, cuando ahondamos en la raíz de todo eso que tenemos descubrimos fragilidades curiosas. Tenemos dinero pero podemos perderlo todo, tenemos un coche pero podrían robárnoslo, tenemos una casa pero puede que la mitad sea todavía del banco, tenemos amigos y algunos se van sin quererlo, tenemos pensamientos que a veces no dominamos, tenemos sentimientos que muchas veces no entendemos, tenemos hijos pero Isabel Celaá dice que no son nuestros, tenemos pareja pero un día puede dejarnos. ¿Qué tenemos y qué podemos asegurar tener?


Poseer es más una sensación que una realidad. Podemos perder todo, hasta la vida. Pero hemos aprendiendo a relacionarnos de una manera posesiva con lo que nos rodea. Esto es similar al control. Tenemos sensación de controlar nuestra vida pero en el fondo, ¿qué controlamos totalmente?


Siempre me impactan los comentarios de algunos maltratadores cuando se refieren a la mujer que han maltratado como “mi mujer” en un contexto lleno de connotaciones de posesión y dominación. Es esa idea de que mi mujer es mía y yo hago con ella lo que quiero, que para eso es mía. Hay algo en la raíz conceptual que no ha sido bien aprendido ni bien desarrollado.


Volviendo al tema de los hijos, me parece que, como tantas cuestiones que aborda la filosofía, depende del color del cristal con el que esto se mire, se ve de una manera o de otra. Todos hemos venido a este mundo sin solicitarlo y ninguno de nuestros progenitores nos ha diseñado sino que han formado parte de un proceso de reproducción de nuestra especie. Somos más de la naturaleza que de nadie. El mérito de nuestros progenitores puede estar en la crianza o en la educación, pero la fabricación es sencilla, la naturaleza se encarga de casi todo.


Como veis, muy por detrás de la pregunta ¿de quién son los hijos? hay una cuestión filosófica, ideológica ahora en nuestra sociedad. Esto es explotado por algunos partidos políticos para tomar ciertas decisiones, por ejemplo, en cuanto a la libertad de los padres para elegir cierta educación. La libertad es una especie de consenso absoluto, nadie le hace ascos. Como mucho algunos se atreven a decir: libertad sí, pero con control.


Yo creo que todo esto es un debate erróneo. Y el error viene en poner el acento donde no corresponde. Pero los acentos son importantes y cambian el significado de las palabras. No es lo mismo camino que caminó, ni jugo que jugó.


La cuestión última no es de quién son los hijos, ni qué derechos tienen los padres sobre ellos (que también). La cuestión verdaderamente importante es cómo podemos educar mejor a todos los niños y niñas que traemos a este mundo. Y aquí os diré que yo cuento con ventaja. Os doy mi secreto… quien pone luz a la oscuridad y nos dibuja el trazo del mejor camino posible es la ciencia. Sí, también en la Educación. Ni política, ni ideología. Ciencia y más ciencia. Así que respecto a si los padres pueden libremente elegir cierta educación para sus hijos, mi respuesta sería: preguntémosle a la ciencia. Pronto nuevo artículo sobre lo que la ciencia dice de la educación. Verás cómo la plenitud y la felicidad poco tienen que ver con ideologías.