LA VERDAD, TODA LA VERDAD, Y NADA MÁS QUE LA VERDAD - Javier de Diego
71
post-template-default,single,single-post,postid-71,single-format-standard,bridge-core-2.1.6,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1200,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-20.3,qode-theme-bridge,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.6.0,vc_responsive

LA VERDAD, TODA LA VERDAD, Y NADA MÁS QUE LA VERDAD

LA VERDAD, TODA LA VERDAD, Y NADA MÁS QUE LA VERDAD

“¡Dime la verdad!” le dice como puede entre palabras entrecortadas, entre temblores, entre lágrimas, sintiendo que su vida cuelga de un hilo fino que la tijera de una sola palabra podría romper con demasiada facilidad. Mientras espera la respuesta, sólo pasan segundos, pero el tiempo se ha vuelto eterno en el silencio que espera una respuesta. Sí, lo necesita saber, lo necesita tanto o más que el mismo hecho de vivir. Sí. Ella necesita saber si es verdad que él le ha sido infiel.

No le des más vueltas: necesitamos saber la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Recuerdo perfectamente debates largos con mis mejores amigos, de madrugada, buscando la verdad, como si fuera el tesoro mayor que pudiéramos encontrar en nuestra vida. Para nosotros la verdad era la llave para abrir la cerradura de una vida adulta llena de color y de ilusión, distinta de las personas grises que veíamos a nuestro lado, tan agobiadas por el trabajo, tan estresadas, con tan poco tiempo para lo importante, viviendo una vida de mentira. “Están muriendo en vida” decíamos. Tal vez era una manera de resistirnos desde la adolescencia a ser adultos, o tal vez era que en el juego de la vida la resignación nunca fue una opción para nosotros. Y todavía hoy no lo sigue siendo. ¿O será tal vez que no hemos salido aún de la adolescencia? Un rinconcito de mi alma dice en voz baja: ojalá.

Nuestros debates, he de decirlo, no eran un juego. No hay arma más fuerte que la palabra y todavía hay personas que no son conscientes de ello, por suerte y por desgracia. Lo cierto es que nosotros elevamos muy alto nuestras conversaciones con lecturas de grandes filósofos y debates con algún catedrático. En todos ellos estaba presente un mismo hilo conductor, dedicaban su vida a la misma misión: encontrar la verdad. Y he de decir que hoy la máxima expresión de la verdad sólo la encuentro en la ciencia. Considerando, desde luego, a mucha filosofía, ciencia. Y cuántas veces recordarán mis mejores amigos como terminábamos con Sócrates… “Sólo sé que no sé nada” Y nos calmábamos con esa frase de efectos narcóticos que nos permitía dormir de nuevo. Sí, en realidad, aquellos debates no eran un pasatiempo. Estábamos jugándonos la vida. Sí la vida. Muchos de nosotros emprendimos caminos concretos tras aquellos debates, aquellas reflexiones, aquellas dudas, aquella crisis de la adolescencia en la que entramos gusano y salimos mariposa. Y eso explica seguramente que yo estudiara Sociología en la Complutense de Madrid y uno de mis amigos íntimos estudiara Psicología en la Autónoma, también en Madrid. ¿Ha llovido mucho desde entonces, eh amigos?

Pero bueno, ahora sabemos más. Y por qué no decirlo, nos hemos hecho mejores. Y todavía tenemos cojones para defender la verdad, allí donde algunos quieren matarla deliberadamente, y tenemos también cojones, y por supuesto tienen ovarios nuestras mejores amigas, para abrazar la vida como lo hacíamos y para gritar libertad aunque nos corten la cabeza como a William Wallace. Todavía hoy somos capaces de llorar como cuando veíamos esa película y esto para nosotros es tremendamente importante. Hemos hecho del “pienso luego existo” de Descartes nuestro particular remake: lloro luego existo.

¿Vivimos tiempos difíciles? Me preguntan. Depende, contesto yo. Desde luego, si es cierto que en una guerra la primera víctima es la verdad, está claro que estamos en guerra desde hace mucho tiempo porque si algo no estamos encontrando en ningún sitio es la verdad.

“Un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la humanidad” dijo Neil Armstrong al llegar a la luna. Después algunos han dedicado mucho tiempo a tratar de demostrar que todo aquello fue mentira. Ya veis que la verdad es muy codiciada, porque algunos están muy interesados en que creamos ciertas cosas. Unas u otras. Y así de misterioso es todo, pregúntale a alguien que acabe de ver a Anthony Blake si lo que ha visto es mentira. Y atrévete tú a decirle en realidad lo que es la verdad y tal vez seas tú el primer sorprendido. Hay gente que lleva viviendo engañada toda su vida, y no lo sabe. Esa es su verdad, se diría. ¿Por qué pondrías la mano en el fuego y no te quemarías? ¿Hay una verdad o todo consiste en medias verdades? ¿Queréis que os responda? Pues bien, no tengo la respuesta.

Lo que sí sé es que tenemos los seres humanos necesidad de saber, que nuestra condición en este mundo es la de exploradores. Y en algunos esta necesidad es tan grande, que finalmente legitiman lo que sea, con tal de elevar al trono de la verdad lo que les produce calma.  Y es que tal vez la verdad no es un destino sino un viaje, una forma de ir por la vida, cuestionando, con actitud crítica y preguntas constantes. Tal vez lo que sí exista sea una condición en nosotros, una necesidad en nosotros, humana de vivir en la certeza. “Los homo sapiens necesitan sentir que poseen la verdad” diría el universo riéndose de nosotros.

Pero pensad en lo siguiente: ¿Y si todo estuviera vacío? ¿Y si no hay ninguna verdad? “Quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla” decía Rusiñol. ¿No sería el más duro castigo de todos que realmente estuviéramos buscando algo que sólo responde a una necesidad ancestral como especie? ¿Sería esa la mayor verdad? ¿Y si la verdad fuera un abismo inalcanzable para nosotros? ¿Nos pasaría como dijo Nietzsche?: “Si miras fijamente al fondo del abismo, el abismo terminará por mirarte a ti”.

Recientemente un ensayo de física cuántica* ha demostrado que dos realidades pueden coexistir a la vez y ser observadas por distintos espectadores de diferente manera. Algo así como que una pera y una manzana pudieran existir a la vez en el mismo espacio – tiempo y según para qué observador existe la pera y según para quién la manzana. Y ambas cosas son verdaderas, en el mismo lugar y en el mismo momento. Bienvenidos a la realidad, pasen y vean.

Pero mira, me atrevo, aunque sea osado por mi parte, a dar un consejo. Necesitamos vivir fuera de la inseguridad y del miedo, la incertidumbre no es un hábitat en el que vivamos con comodidad. Y bueno tal vez no es fácil vivir en el ideal imposible de la verdad, pero sí en lo posible de la veracidad. Si tú, con tu actitud crítica y con tu juicio, observas cosas que te convencen más que otras, legitímalas, y tómalas por ciertas. Elévalas a lo que formaría parte de tu propia ciencia. Esa será tu verdad a partir de ahora. Pero cuidado, no caigas en el fanatismo, donde debes caer es en la humildad. No pienses que los de tu color siempre tienen la verdad, no busques teorías que apoyen los resultados que tú buscas, por encima de resultados busca enérgicamente la verdad, sé cómo los científicos… mantén una hipótesis y sigue comprobando su veracidad cuestionándola sistemáticamente hasta el último segundo de tu vida. Y para ello necesitas un ingrediente fundamental: valentía. A veces lo que nos da miedo no es dar con una información que no nos guste, lo que nos da miedo son las consecuencias que eso pueda traer para nosotros, para nuestros pensamientos, para nuestra vida. Si no puedes asumir las consecuencias de una verdad, no preguntes por ella. Yo todavía recuerdo verdades que me contaron en apenas segundos que se cargaron años enteros de vida. ¿A ti también te ha pasado? Eso tiene un nombre: se llama decepción. O realidad, o despertar. O todo eso junto, y a la vez.

Y bueno, por último, te diré sin duda lo más importante. Lo más real que soy capaz de decirte. Y es que sobreviviendo a los muchos Matrix, a la física cuántica y a la manipulación de la realidad, a todas las teorías, los debates y a todos los libros que haya podido escribir la humanidad entera, te diré algo que no debes olvidar jamás. Y es que cuando llegue tu último minuto, que seguro algún día llegará, y el misterio de la existencia te reclame… Todo aquel amor con el que amaste, y aquello que te hacía llorar sin consuelo, y aquellas personas que te hirieron y dejaron en tu alma cicatrices eternas, también aquellas que te amaron cuando menos lo merecías, y por supuesto las que puedes decir que “siempre estuvieron”, y las que creyeron en ti incluso cuando tú ya habías dejado de creer en ti, esas que volverías a elegir en tu vida una y otra vez si el universo te concediera otra oportunidad, esas, todas esas… forman parte de tu mayor verdad. Eso no lo olvides. Nunca. Jamás.

  • Ensayo física cuántica: https://www.bbc.com/mundo/noticias-47491699
Sin Comentarios

Sorry, the comment form is closed at this time.