KINTSUGI - Javier de Diego
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KINTSUGI

KINTSUGI

649 palabras.

Siempre había pensado que las personas éramos como jarrones. Jarrones de porcelana que un día podían caer y golpearse contra el suelo hasta romperse en añicos. Mi experiencia vital había sido también golpearme y ver a otros golpearse. Había aceptado que esto era algo consustancial al hecho mismo de vivir. Herirse y cicatrizarse también forma parte del juego.

También pensaba que la reconstrucción era algo posible, las piezas de un jarrón siempre pueden pegarse y unirse de nuevo, para formar el ser original que existía antes del accidente. Y dediqué bastante tiempo en pensar si la reconstrucción de un jarrón roto era sólo un eco de lo que aquel jarrón fue o si de alguna manera volvía a ser el jarrón original. Mi conclusión siempre adquiría unos matices tristes: un jarrón roto siempre sería un jarrón roto. Sus grietas serían las heridas incurables que permanecerían en forma de cicatriz. Heridas que siempre dolerían al ser tocadas. No todo tiene vuelta atrás. No todo es reversible. Así que concluí que no todo el daño se podía curar y que habría heridas que sangrarían siempre.

Lo cierto es que uno elabora sus propias reflexiones sobre algunas cuestiones de la vida y después camina con ellas a través de los años, conclusiones que llevamos en la mochila de la experiencia y que nos permiten interpretar la realidad bajo nuestras propias perspectivas. Conclusiones que a veces seguimos poniendo a prueba ya que siempre vivimos un poco en crisis, en una metamorfosis permanente, entre lo que somos y lo que vamos a ser.

Un día me encontré con alguien que hablaba de las heridas de la infancia y de la posibilidad de que no todas pudieran ser reparadas. Y le expliqué mi metáfora del jarrón sobre la que tanto había pensado. Esta persona me contestó solamente con una palabra: kintsugi.

Pero… ¿Qué era eso de kintsugi?

Al descubrir su significado quedé fuertemente impactado.

Kintsugi es una técnica de origen japonés que tiene unos cinco siglos de antigüedad y se utiliza para reparar las fracturas de la cerámica mezclando barniz de resina con polvo de oro, plata o platino.

En mi metáfora del jarrón roto esto no atentaba contra mi conclusión, esto fue lo que más me impactó. De alguna manera un jarrón roto siempre seguiría siendo un jarrón roto, lo que kintsugi venía decir es que un jarrón roto podía tener más valor y ser todavía más bello que el original. Esto incluía y dotaba de un significado muy profundo a la metáfora.

Actualicé inmediatamente mi idea sobre las heridas de la vida después de recoger la sabiduría que se escondía detrás de esta técnica japonesa.

Reconstruí mi reflexión, que quedaría finalmente así…

“Podemos caernos y golpearnos. Podemos rompernos incluso, en añicos, como lo haría un jarrón de cerámica. Nunca más seremos como antes, siempre seremos un jarrón roto, por mucho que nos reparemos.”

(Todavía nada nuevo hasta aquí)

“Pero siempre podremos rellenar nuestras grietas con polvo de oro y ser un jarrón increíblemente más bello que el original, un jarrón que habla de su historia y de sus accidentes, un jarrón que grita he vivido mucho y que resalta el valor de sus golpes que sirvieron para configurar las preciosas grietas que hoy están selladas con oro. Un jarrón único y auténtico. Un jarrón con identidad.

Un jarrón que logró curarse porque entendió que el objetivo no era volver atrás, al estado previo, sino que el objetivo era entender que las heridas se curan cuando se rellenan de oro, que no es otra cosa que la aceptación y el amor puro que siempre estamos a tiempo de recibir de quien nos abre su corazón y de nosotros mismos.”

Así que a aquellos que tienen cicatrices, después de entender lo que significa kintsugi, les diría:

Hoy tus heridas, querido jarrón, son tu bella y valiosa verdad.

Un artículo original de

Javier Lozano de Diego

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