RESILIENCIA - Javier de Diego
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RESILIENCIA

Resiliencia

RESILIENCIA

En física, la resiliencia es una propiedad de los materiales que hace alusión a la capacidad que tiene un material de absorber energía elástica cuando es deformado y de cederla cuando se deja de aplicar la carga. En resumen, es la capacidad que un material tiene de recuperar su forma inicial después de haber sido deformado.

Los huracanes

En algún momento, tarde o temprano, al menos un huracán llegará a nuestras vidas. Los que son pequeños provocarán seguramente solo pequeñas dificultades pero los grandes pueden arrasar con todo lo que habíamos construido de valor en nuestras vidas. Estos huracanes, por azares del destino o planes que no comprendemos, son absolutamente despiadados. Pueden llevarse vidas, matrimonios, oportunidades, proyectos. Pueden dejar nuestra vida rota en tantos pedazos que no alcanzaríamos ni a contar.

A mi vida han llegado ya varios huracanes. Uno de ellos casi me deja fuera de juego. He visto temblar vidas de amigos como si fueran árboles que la tormenta iba a arrancar de la tierra. A algunos la tormenta se los llevó… y aunque sus vidas continúan y siguen caminando por las calles, su mirada está vacía. Para mi representan vidas rotas que podían haber florecido y se quedaron ahí, sin más oportunidades. Una tragedia triste, que recuerdo cada vez que los veo.

He visto tormentas oscuras, de dimensiones colosales, cernirse sobre vidas llenas de color y sacudirles hasta arrancarles todas las hojas. He visto temblar la tierra en la que se agarraban sus raíces y decirme: “Javi, de esta no salgo”. Pero las tormentas, igual que vienen, un día se van. Y aquellos árboles que tenían raíces fuertes y profundas, aún sin hojas y con ramas partidas… permanecen después en pie. Y cuando vuelve el sol, la lluvia y el buen tiempo, florecen y se recuperan. A esto es justo lo que yo llamo resiliencia. Y de esas raíces profundas, de esa capacidad resiliente, es de lo que te voy a hablar ahora, porque es la diferencia entre poder sobrevivir o no después de una fuerte tempestad.

Alguien podría decirme que la ilustración que propongo bien pudiera ser de otra manera, que el árbol grande y frondoso fuera a su vez el que también tuviera las raíces más fuertes y profundas. Y es cierto. Pero la ilustración que propongo, de la forma en la que está elaborada, es justo la que permite explicar mejor esta metáfora de la resiliencia. Así que allá voy…

Las raíces

Si camináramos por un bosque y encontráramos esos dos árboles, seguramente pensaríamos que el árbol grande y frondoso es el más fuerte. Desde fuera no podríamos conocer ninguna de las raíces de estos dos árboles. ¿Quieres que te hable de qué estás hechas esas raíces?

Recuerda que yo no soy psicólogo, esto es sólo mi reflexión personal sobre la resiliencia, basada en mi propia experiencia. Ya sabes que mi principal objetivo es hacerte pensar. Muchas personas me dicen que no es necesario que aclare esto continuamente pero creo que es necesario, los psicólogos son profesionales titulados que desempeñan su trabajo y yo soy una persona que reflexiona y que invita a pensar. Soy partidario del intrusismo cero. Y dejar las cosas en su sitio es dejarlas en buen lugar.

Te voy a explicar lo que yo llamo los cuatro principales factores o raíces de la resiliencia. Es algo creado por mí, así que no encontrarás algo igual en otro sitio, para que no te confundas o pierdas tiempo en Google. No es que piense que la resiliencia se basa sólo en esto, sino que al menos he observado estos cuatro factores en las personas que he conocido más resilientes, y también, que han supuesto una fortaleza cuando en mi vida han venido huracanes.

Una de las cosas que he encontrado en las personas que considero más resilientes son principios y valores profundos. Estas dos cosas actúan como un ancla que sujetan a la persona a un fondo marino que permite agarrar el barco pese al empuje de grandes olas. Una persona con principios arraigados mantiene su integridad incluso en situaciones extremas. Alguien con valores profundos tiene límites personales que actúan como barreras de contención. Sería lo que se esconde detrás de la frase: “por ahí no paso”. Para mi este es el factor de la profundidad e integridad personal.

A las personas con principios y valores profundos no se les puede comprar, ni pervertir, caen en menos adicciones y mantienen el norte cuando un huracán llega a su vida. Actúan con una enorme resiliencia, sufriendo increíblemente al principio y liberando la tensión después, recuperando su forma original, como hacen los materiales resilientes. Mi idea general es que las personas más íntegras son más resilientes.

Por otro lado he detectado, en este tipo de personas, que tienen amistades íntimas de muy larga duración. Quien mantiene amigos de siempre tiene aliados de primer nivel contra las tempestades. Son relaciones de increíble valor emocional, que catalizan el sufrimiento desgarrador de quién padece el huracán. Esto viene recogido en la frase “tener un hombro en el que llorar”. Las personas que tienen amistades de este tipo son más resilientes, incluso aunque esas personas no estén físicamente presentes en el momento de la tormenta. Para mi este es el factor del grado de conexión con los demás. Y en este caso cabe mencionar que es más importante lo cualitativo (el grado de intimidad compartida) que lo cuantitativo (cuántos amigos).

Otra cosa que observo en las personas que mejor aguantan las tormentas es la creencia en las propias capacidades. Está relacionado con la propia estima y con la tolerancia a los escenarios frustrantes. Generalmente han sido personas que han recibido amor, y me refiero a amor del bueno, ese amor prácticamente incondicional. Ese amor ha sido el nutriente principal de sus almas, de sus raíces. Una persona que ha sido querida así es como una planta que ha sido regada y cuidada a diario. Este factor se reflejaría en la frase coloquial “yo sé que valgo”. Yo lo llamo el factor del amor a uno mismo.

Por último, he comprobado que las personas más resilientes tienen un por qué, un sentido, saben dotar de significado a los sucesos de la vida. Tienen desarrollada la habilidad de extraer de la experiencia algo que genere un aprendizaje. Es un principio que dota al individuo de una capacidad adaptativa increíble. Si queréis profundizar sobre esto os recomiendo la lectura de “El hombre en busca del sentido” de Viktor E. Frankl. Se refleja en la frase “esta situación me ha hecho ver que…” y yo lo llamo el factor del sentido.

Los árboles

Volviendo a la ilustración, el árbol grande podría simbolizar una vida donde hay un éxito observable, palpable y especialmente visible, podría ser por ejemplo alguien con un buen puesto de trabajo o que tiene una gran cantidad de dinero. Algo visible, relacionado con el tener, la dimensión material, lo externo y la forma.

El árbol que es más pequeño simboliza una vida más modesta y desapercibida, la vida de alguien que hacia el exterior no parece destacar, como ese árbol de ramas pequeñas y escasas hojas. En principio parece tener menos éxito, menos envergadura. Su fortaleza no es tan visible y está relacionada con el ser, con la dimensión espiritual en concepto amplio, lo interno y el fondo.

El árbol grande, contra todo lo que parece desde fuera, tiene por dentro raíces pequeñas y superficiales. Cualquier viento fuerte podrá arrancarlo de la tierra porque no se sujeta en valores ni en convicciones, no cuenta a su alrededor con personas con las que comparte su vida íntima, no cree en sí mismo y no percibe un significado especial en su vida. Este tipo de personas caen en picado en cuanto la adversidad llama a su puerta cambiando sus vidas de dirección con mucha frecuencia. Son barcos dominados por el viento que sopla, llevándolos a no se sabe dónde…

El árbol pequeño, que se ve modesto desde fuera, tiene por dentro raíces grandes y profundas. Su vida está sostenida por el ser. Los vientos fuertes les hacen sufrir y tambalean pero nunca terminan por ser arrancados. Tienen valores y principios que les hacen mantenerse íntegros. Tienen buenas amistades a un nivel profundo que no dudarán en ayudarles si están en apuros. Reconocen su valía como personas y se quieren así mismos, además perciben un sentido en la dinámica de las cosas que suceden en sus vidas. Este tipo de personas son increíblemente resilientes. Sus raíces les brindan motivos para aguantar la adversidad. Son personas que han basado su vida en el ser, en lo interno. Han dedicado mucho tiempo en cultivar sus raíces, sus amistades y sus principios. Tienen muchos motivos por los que luchar y sujetarse a la tierra. Lo importante en estas personas es el fondo y no la forma.

Y tú, ¿Qué opinas respecto a esto? ¿Crees que estos factores existen? ¿Crees que nacemos con ellos o podemos trabajarlos?

Amplía información:

Ana Forés Miravalles y Jordi Grané

Boris Cyrulnik

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